Un proyecto abarca diversas dimensiones, desde que surge como idea, en el transcurso de su desarrollo, así como cuando se visualizan posibles alcances.
A su vez, cada dimensión puede estar integrada por múltiples factores también interrelacionados.
Entre mayor información se tenga, no tanto por la cantidad, sino por su calidad y pertinencia, mayores posibilidades habrá para una mejor toma de decisiones.
En ocasiones, el obtener este tipo de información puede ser muy laborioso, complejo y puede consumir gran cantidad de tiempo y recursos.
Aspectos como ver si una actividad encaja con otra; si el rumbo es el adecuado; si algo no consciente impide, diculta o facilita el desarrollo funcional de un proyecto; ver qué opción tendría mayores posibilidades entre varias; ver lo que limita o favorece alianzas, separaciones o integraciones al proyecto o en los equipos de trabajo; el ver qué interacciones o interrelaciones difíciles de observar o analizar deterioran o benefician el clima e inclusive la cultura organizacional, etc., son dinámicas en las que, quienes conducen o forman parte de las organizaciones o de un proyecto, a veces requieren tener mayor claridad.
El Management Sistémico es un valioso y útil recurso para facilitar el acceso a este tipo de información , ya que al funcionar de manera sistémica puede abarcar mayor amplitud de posibilidades y al mismo tiempo, expresarse en forma sintética, simple, concreta y rápida.
Este tipo de intervención metodológica está revolucionando la forma de apoyar en las organizaciones respecto a múltiples desafíos.
Una consulta, con aplicación metodológica desde el Management Sistémico, puede llevarse a cabo en promedio en una hora, en el cual el consultante puede obtener gran cantidad y calidad de información.
En Asesoría Psicopedagógica Integral (ASPPI), se brindan consultas de Management Sistémico a líderes y participantes de proyectos, ejecutivos, grupos y organismos sociales, públicos y privados, en forma individual o a través de talleres.
sábado, 23 de octubre de 2010
sábado, 16 de octubre de 2010
Podemos vivir en paz en el mundo, sólo necesitamos aprenderlo.
Aprender a vivir en paz es también un proceso de desarrollo personal, familiar y social.
A veces tratamos de explicarnos nuestra falta de habilidad para una convivencia pacífica con nosotros mismos y/o con los demás, con pensamientos y sentimientos que bien representa el dicho popular "la burra no era arisca, nomás que los palos la hicieron rejega", haciendo alusión a las vicisitudes de la vida, con las cuales quizá nos volvimos rudos y fuimos construyendo distintos tipos de barreras y armaduras. Y, a un aprendizaje que pudimos darle un cauce positivo, le dimos uno negativo.
Así, muchas personas, familias, grupos y naciones, se mueven en dinámicas de ofensa, defensa, ofensa...etc. (en ocasiones tan difícil de averiguar qué fue primero, si la ofensa o la defensa, como el caso de "el huevo y la gallina"). Sin embargo, independientemente y respetando el origen, estas dinámicas en sentido negativo, también se pueden ir transformando en sentido positivo y ello requiere de recuperar aprendizajes constructivos de socialización, así como de incluir nuevos recursos para ampliar dichos aprendizajes, contribuyendo de esta manera, a formar una "bola de nieve", pero de paz.
Así que, poniendo manos a la obra: podemos vivir en paz en el mundo, sólo necesitamos aprenderlo.
A veces tratamos de explicarnos nuestra falta de habilidad para una convivencia pacífica con nosotros mismos y/o con los demás, con pensamientos y sentimientos que bien representa el dicho popular "la burra no era arisca, nomás que los palos la hicieron rejega", haciendo alusión a las vicisitudes de la vida, con las cuales quizá nos volvimos rudos y fuimos construyendo distintos tipos de barreras y armaduras. Y, a un aprendizaje que pudimos darle un cauce positivo, le dimos uno negativo.
Así, muchas personas, familias, grupos y naciones, se mueven en dinámicas de ofensa, defensa, ofensa...etc. (en ocasiones tan difícil de averiguar qué fue primero, si la ofensa o la defensa, como el caso de "el huevo y la gallina"). Sin embargo, independientemente y respetando el origen, estas dinámicas en sentido negativo, también se pueden ir transformando en sentido positivo y ello requiere de recuperar aprendizajes constructivos de socialización, así como de incluir nuevos recursos para ampliar dichos aprendizajes, contribuyendo de esta manera, a formar una "bola de nieve", pero de paz.
Así que, poniendo manos a la obra: podemos vivir en paz en el mundo, sólo necesitamos aprenderlo.
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