Aprender a vivir en paz es también un proceso de desarrollo personal, familiar y social.
A veces tratamos de explicarnos nuestra falta de habilidad para una convivencia pacífica con nosotros mismos y/o con los demás, con pensamientos y sentimientos que bien representa el dicho popular "la burra no era arisca, nomás que los palos la hicieron rejega", haciendo alusión a las vicisitudes de la vida, con las cuales quizá nos volvimos rudos y fuimos construyendo distintos tipos de barreras y armaduras. Y, a un aprendizaje que pudimos darle un cauce positivo, le dimos uno negativo.
Así, muchas personas, familias, grupos y naciones, se mueven en dinámicas de ofensa, defensa, ofensa...etc. (en ocasiones tan difícil de averiguar qué fue primero, si la ofensa o la defensa, como el caso de "el huevo y la gallina"). Sin embargo, independientemente y respetando el origen, estas dinámicas en sentido negativo, también se pueden ir transformando en sentido positivo y ello requiere de recuperar aprendizajes constructivos de socialización, así como de incluir nuevos recursos para ampliar dichos aprendizajes, contribuyendo de esta manera, a formar una "bola de nieve", pero de paz.
Así que, poniendo manos a la obra: podemos vivir en paz en el mundo, sólo necesitamos aprenderlo.
sábado, 16 de octubre de 2010
Podemos vivir en paz en el mundo, sólo necesitamos aprenderlo.
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